Guía de conducta dentro y fuera del Colegio


Un Ideario educativo, claro está, es un repertorio articulado de ideas, a partir de una serie de concepciones sobre valores. El Ideario de cada institución educativa -como señalan nuestras leyes fundamentales- constituye su oferta educativa a la sociedad y debe estar formulado en términos tan claros que permita a sus potenciales destinatarios adoptarlo para la educación de sus hijos o, alternativamente, rechazarlo tras una lectura inteligente, dado que se trata de una opción vital, decisiva. La expresión de esas ideas en el terreno de lo práctico dan lugar, de una parte, a un diseño concreto de programas y características y, de otra, a la formulación de unas normas de convivencia, es decir, a una formulación ética y de lo que se entiende por bueno o malo en la convivencia escolar.

Lejos de los habituales «reglamentos», con su catálogo de prohibiciones y de castigos asociados, éstas están integradas por una serie de directivas de carácter positivo: Se trata de fomentar virtudes, más que de catalogar las prohibiciones (éstas se derivan implícitas de aquellas). La virtud consiste en el ejercicio de lo éticamente excelente entre las acciones posibles hasta lograr convertirlo en un hábito espontáneo. La consciencia de si mismo y de los otros, la generosidad y la justicia, corresponder al privilegio de poder tener al alcance una educación de excelencia, la fidelidad a lo esencial, ...: «Cuanto más - en esa dirección-, mejor» y lo «otro», obviamente, quedará calificado por esa misma perspectiva de las cosas.

En su sentido más profundo, «educación» consiste en la adquisición efectiva de una ética, entendida como el pleno desarrollo de las posibilidades de excelencia de cada ser humano en el terreno intelectual y moral. Esta concepción de la educación es la que orienta a todo nuestro Ideario. Por favor, léalas y ayúdenos: «Formemos equipo».

La lectura de las normas de convivencia para los alumnos de nuestro Colegio, obviamente, no está al alcance de los alumnos más pequeños y si invitamos a los padres a su lectura es con el propósito de entendernos mejor: La formación -nada menos- de una persona, de un hijo, constituye un proceso jalonado de momentos tan decisivos e irrepetibles que hacen imprescindible una verdadera colaboración -en equipo- de sus familiares y los profesionales elegidos para su educación.